10 días con un hígado de cerdo: el experimento que puede salvar millones de vidas

Científicos chinos logran que un hígado de cerdo genéticamente modificado funcione 10 días en un humano. Un salto histórico en medicina.
Investigadores en China han logrado que un hígado de cerdo editado genéticamente funcione en el cuerpo humano durante 10 días sin rechazo. El procedimiento, realizado en un paciente con muerte cerebral, representa un hito en la xenotrasplantación y abre nuevas posibilidades frente a la escasez global de órganos. El experimento, liderado por el Hospital Xijing y publicado por Nature, demuestra la viabilidad funcional del órgano porcino modificado. Una frontera médica se ha cruzado, y lo que parecía impensable empieza a ser clínicamente posible.
Un cerdo para salvar a un humano
El 10 de marzo de 2024, cirujanos chinos realizaron una operación pionera de nueve horas en Xi’an: trasplantar un hígado de cerdo modificado genéticamente a un humano con muerte cerebral. El órgano, proveniente de un cerdo miniatura Bama, fue elegido por su fisiología favorable para el trasplante. A diferencia de un trasplante convencional, este fue auxiliar: el hígado humano se mantuvo en su sitio, permitiendo a los científicos observar el desempeño del órgano porcino sin depender completamente de él.
Este enfoque controlado permitió monitorear la función hepática real en tiempo real y sin riesgo para pacientes vivos. El hígado del cerdo comenzó a producir bilis, secretar albúmina y mantener un flujo sanguíneo estable, sin señales de rechazo hiperagudo. Una prueba de concepto que marca el inicio de una nueva era: órganos animales que pueden integrarse funcionalmente en humanos.
Seis ajustes genéticos para evitar el rechazo
Para lograr esta hazaña, el órgano fue sometido a seis modificaciones genéticas clave. Tres genes fueron eliminados (GGTA1, B4GALNT2 y CMAH) para evitar que el sistema inmunológico humano lo atacara de inmediato. Además, se insertaron dos proteínas reguladoras humanas (CD46 y CD55) para bloquear ataques celulares, y trombomodulina humana (hTBM) para evitar la formación de coágulos.
Estos cambios hicieron que el hígado del cerdo fuera “invisible” para el sistema inmune humano durante diez días. Una danza genética de compatibilidad que representa años de avances en edición CRISPR y biotecnología de trasplantes. Si los futuros ensayos validan esta estrategia en humanos vivos, podríamos estar ante un nuevo tipo de medicina de emergencia: órganos puente.
Un órgano funcional, aunque limitado
El hígado porcino no solo sobrevivió: produjo albúmina —una proteína clave— y secretó bilis, señales claras de funcionalidad hepática. Sin embargo, sus niveles fueron más bajos que los de un hígado humano sano, lo que sugiere que estos órganos aún no pueden reemplazar completamente a sus equivalentes humanos.
A pesar de estas limitaciones, el avance es real: no se detectó rechazo, ni infección viral cruzada ni fallos de perfusión. Esto convierte al procedimiento en un modelo viable para pacientes críticos que necesitan soporte hepático temporal mientras esperan un órgano humano. Una especie de “puente biológico” entre la insuficiencia y la salvación.
La carrera por la xenotrasplantación se acelera
Este trasplante no ocurrió en el vacío. El 6 de marzo de 2025, investigadores chinos también lograron trasplantar un riñón de cerdo editado a una mujer de 69 años con enfermedad renal terminal. Y en EE. UU., se han reportado trasplantes experimentales de corazones porcinos funcionales por días o semanas. El campo está en auge, con avances que hace una década parecían ciencia ficción.
Los investigadores chinos planean realizar ensayos clínicos en pacientes vivos pronto. Su objetivo es ofrecer órganos porcinos como solución temporal para personas en lista de espera. La tecnología no busca sustituir los órganos humanos, sino ganar tiempo. Y en medicina de emergencia, unos días pueden ser la diferencia entre la vida y la muerte.
El futuro ya no es humano
Este hígado de cerdo que funcionó durante 10 días en un humano no es un simple logro quirúrgico. Es la primera señal clara de que lo no humano puede formar parte de nosotros sin destruirnos. Y si eso es posible, lo impensable empieza a volverse real: granjas de órganos, trasplantes personalizados, supervivencia sin esperar a una donación.
Este avance no elimina los dilemas éticos, religiosos o sociales de usar órganos animales. Pero los transforma: ya no son preguntas hipotéticas, sino urgentes. Porque hoy, el cerdo no solo es comida o laboratorio. Puede ser, literalmente, la línea entre la vida y la muerte. Y ya está latiendo.
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