Batería revolucionaria convierte desechos nucleares en electricidad limpia

Alberto Noriega     17 marzo 2025     6 min.
Batería revolucionaria convierte desechos nucleares en electricidad limpia

Científicos han desarrollado una batería que convierte desechos nucleares en electricidad, ofreciendo energía de larga duración y sin emisiones.

Investigadores de la Universidad Estatal de Ohio han desarrollado una batería innovadora que convierte los desechos nucleares en electricidad, transformando un problema ambiental en una posible solución energética. A través de un proceso fotovoltaico basado en radiación gamma, esta batería genera energía de manera estable y duradera, sin necesidad de recarga. El prototipo, del tamaño de un cubo de azúcar, podría alimentar dispositivos de bajo consumo en entornos extremos como el espacio, las profundidades marinas o instalaciones nucleares. Aunque todavía en fase experimental, la tecnología representa un paso clave hacia baterías más sostenibles y eficientes, impulsadas por residuos radiactivos.

Una batería que aprovecha la radiactividad

El avance tecnológico desarrollado en la Universidad Estatal de Ohio permite aprovechar desechos radiactivos como fuente de energía, resolviendo dos problemas al mismo tiempo: el almacenamiento seguro de residuos nucleares y la generación de electricidad. Esta batería funciona con un mecanismo innovador de conversión en dos pasos: primero, un material especial conocido como centelleador de alta densidad absorbe la radiación gamma y la convierte en luz visible; luego, esta luz es captada por células fotovoltaicas, que la transforman en electricidad utilizable.

El prototipo de esta batería, publicado en la revista Optical Materials: X, tiene un tamaño de 4 centímetros cúbicos y produce energía en el rango de los microwatios, suficiente para alimentar sensores y dispositivos electrónicos de bajo consumo. Su desarrollo ha sido financiado por la Administración Nacional de Seguridad Nuclear de EE.UU. y la Oficina de Eficiencia Energética y Energía Renovable, demostrando el interés gubernamental en tecnologías que puedan convertir los residuos nucleares en fuentes de energía renovable y segura.

Potencial energético y primeros resultados

Las primeras pruebas de esta batería han mostrado un rendimiento variable según el isótopo radiactivo utilizado. Al emplear cesio-137, un subproducto común de la fisión nuclear, la batería generó 288 nanovatios de potencia, mientras que con cobalto-60, una fuente de radiación más intensa, la salida alcanzó los 1.5 microwatios. Aunque estos valores aún son bajos en comparación con las baterías convencionales, son suficientes para alimentar sensores en lugares remotos o dispositivos electrónicos de larga duración.

Pexels Pixabay 459728

Uno de los aspectos más prometedores de esta tecnología es su capacidad para reutilizar desechos radiactivos, un problema que ha sido un desafío para la industria nuclear durante décadas. Actualmente, las plantas nucleares generan toneladas de residuos altamente radiactivos que requieren almacenamiento a largo plazo. Al convertir parte de estos desechos en baterías de larga duración, la ciencia podría ofrecer una solución doble: reducir el problema de los residuos nucleares y generar electricidad de manera limpia y continua.

Aplicaciones en entornos extremos

El diseño de estas baterías nucleares fotovoltaicas las hace ideales para situaciones donde el mantenimiento es difícil o imposible. Gracias a su capacidad de generar energía de manera constante durante décadas sin necesidad de recarga, podrían ser utilizadas en entornos donde las baterías convencionales se degradarían rápidamente o no serían viables.

Uno de los usos más evidentes sería en misiones espaciales, donde el acceso a fuentes de energía confiables es fundamental. Las actuales misiones espaciales dependen de paneles solares o generadores de radioisótopos, pero una batería basada en desechos nucleares podría ofrecer una alternativa más compacta y eficiente. También se estudia su aplicación en vehículos submarinos autónomos, que requieren fuentes de energía de larga duración para explorar las profundidades oceánicas sin necesidad de recarga.

Además, estas baterías podrían desempeñar un papel clave en instalaciones nucleares y de almacenamiento de residuos, proporcionando energía estable para sensores de monitoreo y sistemas de seguridad. A diferencia de otros sistemas de generación de energía, estas baterías no contienen materiales radiactivos activos, lo que las hace seguras de manejar y transportar.

Desafíos en el desarrollo y comercialización

A pesar de su enorme potencial, la adopción de baterías alimentadas por desechos nucleares enfrenta varios desafíos. Uno de los principales obstáculos es aumentar la producción de energía, ya que los prototipos actuales generan microwatios, mientras que para aplicaciones más amplias se necesitarían niveles de milivatios o vatios. Para lograrlo, los científicos están investigando materiales centelleadores más eficientes y células fotovoltaicas optimizadas, que permitan extraer más energía de la radiación gamma.

Otro reto importante es la miniaturización. Aunque el prototipo ya es relativamente compacto, su integración en dispositivos electrónicos portátiles requerirá mejoras en la densidad energética y diseños más eficientes. Este desafío es clave para su posible aplicación en sensores médicos, dispositivos de telecomunicación o tecnología militar.

Pexels Distelapparath 3044470

Por otro lado, aunque la batería no contiene elementos radiactivos peligrosos, su desarrollo aún implica el uso de radiación procedente de desechos nucleares, lo que podría generar barreras regulatorias y preocupaciones sobre su seguridad. Para su comercialización masiva, los científicos deberán demostrar que estas baterías pueden ser utilizadas de manera segura y controlada sin riesgos de contaminación.

¿El futuro de la energía limpia?

El desarrollo de baterías que funcionan con desechos nucleares es un paso revolucionario en la búsqueda de energías más limpias y sostenibles. A medida que el mundo enfrenta la crisis climática y la necesidad de reducir la dependencia de los combustibles fósiles, tecnologías como esta podrían desempeñar un papel crucial en la transición hacia fuentes de energía alternativas y de larga duración.

Si los investigadores logran escalar esta tecnología y mejorar su rendimiento, podríamos estar ante una solución que no solo aprovecha residuos peligrosos, sino que también ofrece una fuente de energía prácticamente infinita. Con inversiones y avances en la optimización de los materiales, estas baterías podrían algún día alimentar desde sensores médicos hasta vehículos espaciales y sistemas de energía de emergencia.

El desafío ahora es llevar esta innovación del laboratorio al mundo real, enfrentando los obstáculos técnicos y regulatorios que aún existen. Pero si la historia de la tecnología nuclear nos ha enseñado algo, es que los avances más disruptivos a menudo comienzan con pequeños prototipos que desafían las expectativas. La pregunta no es si estas baterías serán viables, sino cuándo comenzarán a transformar nuestra forma de generar y almacenar energía.

Comentarios cerrados